Es el título de un artículo interesante que reflexiona sobre el mundo posmoderno respecto del individuo,cuestiones que hemos abordado en clase. De la autoría de Rick Wade, se pueden destacar las siguientes ideas:
...¿Quién es usted, después de todo? ¿Tiene una identidad? ¿Qué constituye su identidad? ¿Quiénes son sus padres? ¿Dónde nació? ¿De qué trabaja?
Según el esquema mental que ha tomado el mundo occidental, llamado posmodernismo, no somos un "yo" para nada. No tenemos ninguna identidad única que sea identificable desde el nacimiento hasta la muerte; no hay un verdadero "usted" que permanezca constante a lo largo de todos los cambios de la vida.
El posmodernismo: El fin del modernismo
¿Qué es el posmodernismo? En general, se reconoce que el posmodernismo no es una filosofía. No es un sistema filosófico único y bien elaborado que busque definir y contestar las grandes preguntas de la vida. El posmodernismo es, más que nada, una descripción del esquema mental de la cultura occidental en la segunda mitad del siglo veinte. Algunos lo llaman un estado de ánimo. Nosotros podríamos decir que es una descripción de los fracasos del modernismo, junto con una mezcolanza de sugerencias para una nueva orientación del pensamiento y la vida.
El modernismo es el nombre dado a una forma de pensar que nació en la era del Iluminismo. Es una perspectiva muy optimista sustentada por los éxitos de las ciencias, que produjeron una tecnología realmente maravillosa. Podíamos entendernos a nosotros y nuestro mundo y, trabajando juntos, podríamos arreglar lo que estaba roto en la naturaleza y en la vida humana.
Lamentablemente, al final del día hemos descubierto que nuestro optimismo estaba errado. Obviamente, no hemos solucionado todos nuestros problemas, y cuanto más aprendemos más nos damos cuenta de lo poco que sabemos. La razón no ha estado a la altura de su reputación en el Iluminismo.
No sólo no hemos podido arreglar todas las cosas, sino que la tecnología que tenemos ha tenido algunos efectos colaterales malos. Por ejemplo, la movilidad que resultó del transporte moderno nos ha sacado de comunidades estables que brindaban normas de comportamiento, de protección y un sentido de continuidad entre el hogar, el trabajo y las demás actividades de la vida. Agreguemos a eso la globalización de nuestras vidas que nos pone en contacto con personas de muchos trasfondos diferentes y con muchas creencias y formas de vida diferentes, y podemos ver por qué luchamos para mantener algún tipo de continuidad en nuestras propias vidas. Sentimos que nos estamos volviendo personas divididas mientras corremos de aquí para allá, y en cada destino encontramos conjuntos de valores y expectativas diferentes. En palabras del teólogo Anthony Thiselton, la resultante "falta de estabilidad, falta de una identidad estable y una pérdida de confianza en las normas o metas globales generan una incertidumbre, inseguridad y ansiedad profundas." Ya no tomamos nuestras señales de la tradición o de nuestro propio "giroscopio" interno, un conjunto internalizado de valores que nos guían en nuestras vidas. Tomamos nuestras señales de otras personas que están dirigidas por otros. Tomamos nuestras señales de otras personas que supuestamente "saben" y pueden decirnos lo que debemos hacer y ser en cada compartimento distinto de nuestras vidas. Nos encontramos "ansiosos por conformar, pero siempre en duda en cuanto a qué es exactamente a lo que debemos conformarnos." Nos sentimos "cómodos en todas partes y en ninguna parte, capaces de una intimidad superficial con todos y en respuesta a todos."
Todo esto produce en nosotros un sentido de estar constantemente en el cambio. El debate acerca de lo que era fundamental en nuestro universo (el cambio o la estabilidad) ocupó el pensamiento de los filósofos griegos mucho antes de Cristo. Este debate sigue en nuestros días. De hecho, un escritor señaló que "el posmodernismo puede ser visto como un debate acerca de la realidad." La búsqueda, en tiempos modernos, por encontrar lo que es verdaderamente real, verdadero y estable, ha cedido. En los tiempos posmodernos, el cambio es fundamental; el cambio es normal.
En todo esto nos parece que perdemos nuestro sentido de identidad. De hecho, como veremos, los pensadores posmodernos de avanzada dicen que no tenemos ningún yo.
El posmodernismo y el yo
El escritor Walter Truett Anderson da cuatro términos que usan los posmodernistas para hablar del yo y que tienen que ver con los temas del cambio y las múltiples identidades:
El primero es multifrenia (escisión del individuo en una multiplicidad de investiduras de su yo): se refiere a las muchas voces diferentes en nuestra cultura que nos dicen quién somos y qué somos. En palabras de Kenneth Gergen: "por cada cosas que 'sabemos que es verdadero' acerca de nosotros, otras voces dentro de nosotros responden con duda y aún con burla." Nuestras vidas son multidimensionales. Las diversas relaciones que tenemos en nuestras vidas nos tiran en diferentes direcciones. Representamos "tal variedad de roles que el concepto mismo de 'yo auténtico' con características conocibles desaparece de la vista." Y estos roles no se superponen ni son congruentes de ninguna forma significativa. Como dice Anderson: "En el mundo posmoderno, uno simplemente no llega a ser un "alguien" único y consistente."
El segundo término es proteano (mutable): el yo proteano es capaz de cambiar constantemente para adecuarse a las circunstancias actuales. "Puede incluir cambiar de opiniones políticas y de comportamiento sexual, cambiar de ideas y de formas de expresarlas, cambiar formas de organizar nuestra propia vida." Algunos consideran esto como el proceso de encontrar el yo verdadero. Pero otros lo ven como una manifestación de la idea de que no hay ningún yo verdadero y estable.
En tercer lugar, Anderson habla del yo descentrado. Este término se centra en la creencia de que no existe ningún yo. El yo está siendo redefinido constantemente, y constantemente está sufriendo cambios. Como enseñó un filósofo: "El sujeto no es quien habla el lenguaje, sino su creación." Por lo tanto, no hay ningún "yo" perdurable. Somos lo que se nos describe que somos.
El cuarto término es el yo en relación. Este concepto se encuentra a menudo en estudios feministas. Simplemente significa que vivimos nuestras vidas no como islas en cuanto a nosotros sino en relación con personas y a ciertos contextos culturales. Para entendernos correctamente necesitamos entender los contextos de nuestras vidas.
Si juntamos estos cuatro términos, tenemos la imagen de una persona que no tiene ningún centro sino que está tirada en muchas direcciones diferentes, y está constantemente cambiando y siendo definida externamente por las diferentes relaciones que tiene con otros. Todas estas ideas claramente van en una dirección diferente de la que tomó la sociedad moderna. Antes se creía que nuestra meta debía ser lograr la integridad, encontrar el yo integrado, reunir todas las partes aparentemente diferentes de nosotros en un todo cohesivo. El posmodernismo dice "no, eso no puede pasar porque por naturaleza no somos un yo cohesivo."
Así que no hay ningún "yo," ninguna personalidad interna para luchar con todos estos roles diferentes y determinar cuál aceptaré, cuál no y, en última instancia, quién soy realmente. Entonces, ¿cómo ocurren los cambios? ¿Quién decide cómo soy o quién soy? Según el pensamiento posmoderno, somos modelados por fuerzas exteriores. Estamos construidos socialmente.
La vida construida socialmente
¿Qué significa estar construido socialmente? Simplemente significa que los valores, lenguajes, el arte, los entretenimientos de nuestra propia sociedad, y todo aquello que nos rodea cuando crecemos, definen quiénes somos. No tenemos identidades fijas que puedan separarse de lo que nos rodea y que permanezca igual aun cuando ciertas características y circunstancias puedan cambiar.
En un tiempo se creía que lo que hacemos externamente refleja lo que somos por dentro. Pero, si no hay un "dentro," debemos depender de lo que está afuera para definirnos. Somos producto de fuerzas exteriores sobre las que tenemos diferentes grados de control. El posmodernista sospechoso considera que tenemos poco control sobre todas las fuerzas que actúan sobre nosotros.
Por lo tanto, somos creados de afuera hacia adentro, en vez de adentro hacia afuera. Si en las sociedades tradicionales la posición de una persona estaba determinada por su rol, y en las sociedades modernas la posición estaba determinada por el logro, en tiempos posmodernos la posición de una persona está determinada por la moda o el estilo. A medida que cambia el estilo, debemos cambiar con él, porque si no nuestra identidad quedará en duda. Una cosa es querer encajar con nuestros pares. Otra cosa completamente distinta es creer que nuestra propia identidad está ligada con las modas del momento. Pero así es la vida en el mundo posmoderno.
Sin embargo, estar ligado con las modas del momento significa que no hay ningún contexto externo para nuestras vidas. Estamos "situados históricamente." Eso significa que nuestras vidas sólo pueden ser comprendidas en el contexto del momento histórico presente. Todo lo que importa es el ahora. Lo que fui ayer es irrelevante; lo que seré mañana es una incógnita.
En los tiempos posmodernos no hay ninguna confianza en nuestra capacidad de conocer la verdad. No hay ninguna metanarración que sirva para definir y dar un contexto a nada. El cambio es fundamental, y los cambios vienen a menudo y no siempre forman un patrón coherente. No hay ninguna naturaleza humana, ni hay verdaderas personalidades; no existe ningún "yo" que sea identificable a lo largo de mi vida. Todo lo que soy, lo soy porque he sido "creado," por así decirlo, por fuerzas exteriores. Una de las fuerzas más potentes es el lenguaje, con su capacidad de definir y controlar. Mi vida es como una historia o un texto que está siendo escrita y reescrita constantemente. Soy según cómo he sido definido. Lo que soy hoy no significa nada para mañana. Para validarme, debo asumir la tarea de definirme, de escribir mi propia historia de mi modo, sin dejar que otros la escriban por mí.
Resultados
La vida en el mundo posmoderno es una vida de inestabilidad. Para citar a Thiselton nuevamente, la pérdida de estabilidad, identidad y confianza "generan una incertidumbre, inseguridad y ansiedad profundas . . . El yo posmoderno vive diariamente con la fragmentación, la indeterminación y una intensa desconfianza" de todas las afirmaciones de una verdad última o de normas morales universales. Esto da como resultado una actitud defensiva y una "preocupación creciente con la autoprotección, el interés propio, el deseo de poder y de recuperar el control. El yo posmoderno, por lo tanto, está predispuesto a asumir una postura de estar listo para el conflicto." Nuestra fragmentación, nuestra falta de un "giroscopio" interior que nos dé dirección y equilibrio, las presiones de las fuerzas exteriores para conformarnos, la falta de continuidad en nuestras vidas, trabajan en conjunto para quitarnos todo sentido de quiénes somos, o de que aun seamos personas individuales.
Algunas personas pueden desesperarse ante esto. Pero muchos creen que deberíamos aceptar esto antes que combatirlo. Si no estamos contentos con nuestra "historia" individual, deberíamos reescribirla. Simplemente necesitamos aceptar nuestra multiplicidad interior e idear una historia que la explique. "Si el significado se construye en el lenguaje," dice un escritor, debemos aprender a contar "historias mejores, más ricas y más extensas" acerca de nuestras vidas.
Pero, si las fuerzas que nos rodean son tan fuertes, ¿cómo podremos enfrentarlas? Si nos encontramos resistiendo a otros que tratan de definirnos o de fijar normas por nosotros, indicando que creen que son lo suficientemente fuertes como para tener una influencia sobre nosotros, ¿cómo podremos alguna vez evitar ser absorbidos por su "pensamiento de grupo," donde siempre se espera que sigamos la línea oficial? ¿Qué ocurre con nuestra propia individualidad? ¿Acaso no hay lugar para nuestro conjunto único de dones y capacidades, necesidades y deseos, amores e inquietudes individuales?.....
Sin duda alguna, aborda aspectos que nos guían para tratar de entender el mundo posmoderno, pero sobre todo identificar los rasgos que pudiesen ser característicos del mismo, en especial en relación a cada ser individualmente considerado.
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