La religión es un sistema de creencias y de prácticas que unen, a todos aquellos que se adhieren a ellas, en una comunidad.
La religión juega un papel muy importante en la vida de los individuos, representa una directriz de cómo ha de comportarse el individuo en función de lo que él piensa, de lo que él cree. Pero también representa un vínculo del individuo con la sociedad que le rodea y como ha de relacionarse con los demás.
El creer en un ser superior, cualquiera que sea la denominación que se le de, proporciona al sujeto, creyente, seguridad, confianza.
En nuestros días no se cuestiona la existencia de ese ser superior, lo que se cuestiona es la institución encargada de dar a conocer a ese ser superior. Es así como la película Religulous, en una postura, a mi parecer, neutral nos muestra los vicios y defectos que cada religión tiene. No cuestiona en ningún momento la existencia de un ser superior, lo que cuestiona es la actitud de los “mensajeros”, de los “predicadores de la palabra”, de la forma en que manipulan, a su conveniencia, la existencia de ese ser superior.
En estos tiempos de crisis, es claro que el papel de las autoridades eclesiásticas se ve totalmente denigrado; los casos de sacerdotes con familia, de abusos contra infantes, de poseer grandes riquezas generan ante los ojos de la población una gran desconfianza. Es de resaltar que existen casos totalmente excepcionales, por que existen personas que están comprometidas y que se comportan de acuerdo a los principios rectores de cada religión, pero son muy pocos.
Es por ello que cada día es frecuente encontrar a personas que manifiestan no ser parte de una religión pero si creer en la existencia de un ser superior.
La existencia de la religión obedece a una necesidad interna: llenar un vacío, aminorar nuestra soledad, sentirnos seguros; es caminar bajo el halo de protección de un ser superior a mi y a todo lo demás.
“Católica por herencia, creyente por convicción”
La religión juega un papel muy importante en la vida de los individuos, representa una directriz de cómo ha de comportarse el individuo en función de lo que él piensa, de lo que él cree. Pero también representa un vínculo del individuo con la sociedad que le rodea y como ha de relacionarse con los demás.
El creer en un ser superior, cualquiera que sea la denominación que se le de, proporciona al sujeto, creyente, seguridad, confianza.
En nuestros días no se cuestiona la existencia de ese ser superior, lo que se cuestiona es la institución encargada de dar a conocer a ese ser superior. Es así como la película Religulous, en una postura, a mi parecer, neutral nos muestra los vicios y defectos que cada religión tiene. No cuestiona en ningún momento la existencia de un ser superior, lo que cuestiona es la actitud de los “mensajeros”, de los “predicadores de la palabra”, de la forma en que manipulan, a su conveniencia, la existencia de ese ser superior.
En estos tiempos de crisis, es claro que el papel de las autoridades eclesiásticas se ve totalmente denigrado; los casos de sacerdotes con familia, de abusos contra infantes, de poseer grandes riquezas generan ante los ojos de la población una gran desconfianza. Es de resaltar que existen casos totalmente excepcionales, por que existen personas que están comprometidas y que se comportan de acuerdo a los principios rectores de cada religión, pero son muy pocos.
Es por ello que cada día es frecuente encontrar a personas que manifiestan no ser parte de una religión pero si creer en la existencia de un ser superior.
La existencia de la religión obedece a una necesidad interna: llenar un vacío, aminorar nuestra soledad, sentirnos seguros; es caminar bajo el halo de protección de un ser superior a mi y a todo lo demás.
“Católica por herencia, creyente por convicción”
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