domingo, 21 de marzo de 2010

METRÓPOLIS

Esta película data de 1926, cuyo tema, si nos situamos en aquella época fue muy avanzado: las máquinas como sustitutas de la fuerza del hombre.

Encontramos dos mundos: la clase alta, representado por aquel que tiene el poder; y la clase baja, constituida por los obreros que trabajan en las fabricas.

La relación entre ambos es muy difícil, muy desgastada; los constantes abusos del poderoso a los trabajadores hacen que se rompa el equilibrio.

En ese tenor, ambos buscan una salida. El poderoso busca reemplazar a los trabajadores por maquinas; mientras que los trabajadores pretenden rebelarse.
En este panorama tan desolador, dos aspectos juegan un papel muy importantes: el amor y la esperanza. El amor entre dos personas de distintas clases sociales que representan a su vez el pacto entre las dos clases. La esperanza de tener una vida mejor, un futuro mejor.

Es así como en 1926 un hombre, Fritz Lang, tiene una visión futurista: el uso de máquinas. Futuro que ha llegado a nosotros, hoy los grandes avances tecnológicos en gran medida se encuentran representados por máquinas, hoy las grandes fabricas, escuelas, el mismo gobierno hace uso de ellas de manera cotidiana, volviéndose una herramienta indispensable para el desarrollo de las múltiples actividades. Los países buscan día a día superarse tecnológicamente, los más avanzados ya plantean el uso de robots a semejanza del hombre; aspecto planteado hace más de 80 años.

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