México es una nación que posee una riqueza cultural exquisita.
Existen palabras que utilizamos y que por si solas tal vez no signifiquen nada, pero si nos ubicamos en un contexto determinado, en una comunidad determinada, toman una relevancia sorprendente y pueden traducirse en algo “bueno” o en “algo malo”.
Hemos heredado un sinnúmero de expresiones (“buenas” y “malas”) que muy pocas veces cuestionamos, “no digas esto” “no digas aquello”, si una palabra implica algo malo no la debes decir, pero ¿Por qué? Por que hemos crecido con ellas, nuestros padres han determinado que nos conduzcamos conforme a ellas, y aunque nos rebelemos y queramos llevar la contraria, es tanta la carga emocional recibida de nuestros mayores que llega el famoso “cargo de conciencia”. Y ni que decir de aquellas que se relacionen con sexo, es casi seguro que seamos condenados a arder eternamente en las llamas del infierno.
El lenguaje es hermoso pero hay que saberlo utilizar.
Recuerdo aquella vez que invite a unas amigas a visitar el lugar donde nací, estaríamos dos semanas: una en el municipio otra en el pueblo donde vive mi abuela (si bien habla castellano ella desciende de mazahuas y por tanto también habla mazahua), en el camión que nos llevaría abordaron personas que se comunicaban en mazahua, no entendimos ni j de lo que decían pero de su conversación una palabra que nos causo gracia, y que sin duda es graciosa, fue “chostomo” el repetirla nos hacía reír sin parar. Lo que es no preguntar primero: Llegamos a nuestro destino, a manera de juego repetíamos la famosa palabrita, nadie nos decía nada pero tampoco se reían, solo no dirigían miradas fulminantes, cada que teníamos oportunidad la referíamos: “vete al chostomo”, “quieres un chostomo”, “esta hasta el chostomo”, en fin le atribuimos un sinnúmero de significados, pero nunca nos imaginamos lo que verdaderamente significaba, hasta que una ocasión mientras comprábamos algunas artesanías una señora, muy indignada, nos dijo “escuinclas groseras, deberían lavarles la boca, si yo fuera su madre ahoritita mismo me las sonaba”, nosotras sorprendidas decidimos callar y huir. Nos dirigimos al pueblo, al llegar a casa de la abuela lo primero fue preguntar que significaba la palabrita, mi abuela nos miro seriamente y me dijo “¿Dónde escucharon eso?” “eso es malo” “no lo repitan”. Le dije “Si abuela, pero ¿qué significa?”. Al saber el significado, primero estuvimos serias, cuando la abuela se fue nos echamos a reír. La palabra hace referencia al órgano sexual masculino. Recordamos todo lo que le atribuimos, y claro no la volvimos a decir, por lo menos no frente a otros.
Existen palabras que utilizamos y que por si solas tal vez no signifiquen nada, pero si nos ubicamos en un contexto determinado, en una comunidad determinada, toman una relevancia sorprendente y pueden traducirse en algo “bueno” o en “algo malo”.
Hemos heredado un sinnúmero de expresiones (“buenas” y “malas”) que muy pocas veces cuestionamos, “no digas esto” “no digas aquello”, si una palabra implica algo malo no la debes decir, pero ¿Por qué? Por que hemos crecido con ellas, nuestros padres han determinado que nos conduzcamos conforme a ellas, y aunque nos rebelemos y queramos llevar la contraria, es tanta la carga emocional recibida de nuestros mayores que llega el famoso “cargo de conciencia”. Y ni que decir de aquellas que se relacionen con sexo, es casi seguro que seamos condenados a arder eternamente en las llamas del infierno.
El lenguaje es hermoso pero hay que saberlo utilizar.
Recuerdo aquella vez que invite a unas amigas a visitar el lugar donde nací, estaríamos dos semanas: una en el municipio otra en el pueblo donde vive mi abuela (si bien habla castellano ella desciende de mazahuas y por tanto también habla mazahua), en el camión que nos llevaría abordaron personas que se comunicaban en mazahua, no entendimos ni j de lo que decían pero de su conversación una palabra que nos causo gracia, y que sin duda es graciosa, fue “chostomo” el repetirla nos hacía reír sin parar. Lo que es no preguntar primero: Llegamos a nuestro destino, a manera de juego repetíamos la famosa palabrita, nadie nos decía nada pero tampoco se reían, solo no dirigían miradas fulminantes, cada que teníamos oportunidad la referíamos: “vete al chostomo”, “quieres un chostomo”, “esta hasta el chostomo”, en fin le atribuimos un sinnúmero de significados, pero nunca nos imaginamos lo que verdaderamente significaba, hasta que una ocasión mientras comprábamos algunas artesanías una señora, muy indignada, nos dijo “escuinclas groseras, deberían lavarles la boca, si yo fuera su madre ahoritita mismo me las sonaba”, nosotras sorprendidas decidimos callar y huir. Nos dirigimos al pueblo, al llegar a casa de la abuela lo primero fue preguntar que significaba la palabrita, mi abuela nos miro seriamente y me dijo “¿Dónde escucharon eso?” “eso es malo” “no lo repitan”. Le dije “Si abuela, pero ¿qué significa?”. Al saber el significado, primero estuvimos serias, cuando la abuela se fue nos echamos a reír. La palabra hace referencia al órgano sexual masculino. Recordamos todo lo que le atribuimos, y claro no la volvimos a decir, por lo menos no frente a otros.
Ejemplos como este encontramos muchos, lo que para unos significa algo bueno para otros algo malo. Lo importante es informarnos, conocer.
Por que "Al país que fueres haz lo que vieres"
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